sábado, noviembre 26, 2005
A vueltas con las OPAs
Cada cierto tiempo, siguiendo tal vez el tic-tac de un misterioso reloj económico, salta a los medios de comunicación la noticia de una OPA, o lo que es lo mismo (quién lo ignora a estas alturas), una Oferta Pública de Acciones. Sugiero que algun doctorando haga un estudio sobre la posible relación entre los ciclos históricos, los ciclos vitales y las ofertas de compra de acciones.
No entiendo de esas cosas. Mi economía se reduce a la cartilla de la Caja de Ahorros y al desfile de recibos que por ella pasa cada mes. Supongo que ofertas de compra de unas empresas sobre otras haylas a diario por tanto no entiendo por qué algunas de estas operaciones financieras adquieren niveles de popularidad tan elevados como los de la Pantoja. Mi teoría es que la diferencia radica en el adjetivo “hostil”. Son tan llamativas porque son “OPAs hostiles”.
Escuche usted, me acaba de liar más: qué diferencia hay entre una OPA con adjetivo y otra sin. Pues oiga, que no lo sé. ¿Qué hay de malo en que en alguien quiera comprar algo y ofrezca un dinero por ello? ¿Acaso los propietarios de la cosa no quieren vender? Pues que no vendan pero si los que tienen los cachitos de la cosa en forma de papelitos llamados acciones sí que lo desean ¿qué hay de malo?
Esto es una reflexión de un ignorante que gustaría, en vez de leer y oír tanto sobre hostilidades bursátiles, hacer lo propio sobre teatro, música, literatura, pintura, ....
Y además, mi amiga Carmela sí que lo está pasando mal por un OPA hostil: Orzuelo Persistente Asentado muy, pero que muy hostil que se las está haciendo pasar canutas a la pobrecilla. No hay antibiótico, baños de manzanilla, ni bálsamo de Fierabrás que pueda con su hostilidad. Hela ahí en casa, con el ojillo tuerto y a media luz, como en un tango, soportando estóicamente el ardor y la incomodidad del persistente orzuelo. Ella sí que aguanta y sufre y no los mandamases de esas lumínicas empresas que se ponen orzuelos unas a otras. El orzuelo de Carmela no sale en los telediarios aunque no le importa. Ella solo quiere que salga, sí, pero de su ojo, de igual modo que yo quiero que esos orzuelos que plagan los medios de comunicación salgan y dejen de molestar. Demasiada tinta, demasiadas imágenes, demasiadas palabras.
