martes, noviembre 29, 2005

 

¡Qué pasa neeeen!

En torno a este grito de guerra parece girar el programa de Andrés Buenafuente en Antena3. Cuando apareció ese personaje (el Nen o Neng) pareció acertada la parodia de esos entes que se dedican al chundachundachunda dentro de naves industriales o coches discoteca, hundidos en asientos pseudo-Recaro, mirando con sus cabecitas peladas flanqueadas por aros de pirata por entre los radios del volante del coche tuneado. Un inciso para lanzar una pregunta: ¿colgar del retrovisor las cintas de la Virgen del Pilar se puede considerar tuning? ¿Entonces era tuning poner el perro que cabeceaba en la bandeja trasera, o el portafotos "Papá no corras", y los cojines de ganchillo?
Sigo. La cuestión es que algo que parecía una llamada de atención sobre esa parte de la juventud para la cual la cabeza no es sino una caja de resonancia para el subwoofer (¡leche con los anglicismos!) la mercadotecnia ha desembocado, a mi entender, en el efecto contrario de potenciar la imagen de esta gente. Al final la cadena televisiva ha encontrado una mina vendiendo la imagen del nene de marras y todo lo que arrastra, desde el grito del pollo (que tengo que oir en el móvil de alguno a pocos metros de aquí) a un CD de pum-pum-pum-pum, al moñaco para colgar en el coche (lo siento, Elvis, pero tu tiempo ha pasado).
Y esto me lleva a comentar una teoría made in yo mismo. A tenor de la actitud de algunas personas pensaba que había seres bípedos mononeuronales pero ante el desarrollo imparable del grupo y sus curiosas dinámicas creo que mi teoría debe ir más allá y hablar de la Teoría de Neurona Compartida o TNC. Esta TNC explicaría ciertas actitudes, generalmente grupales, colectivas, que hacen que todos los integrantes del colectivo vistan igual, brinquen al mismo son (simple a extremos insultantes), hablen igual (igual de pobremente) y piensen (¿piensen? bueno como dice el personaje buenafuentista "Yo también soy persona") todos a una y no mucho más allá de su área de influencia. Una neurona para todos y todos para una.
Pero esta TNC podría aplicarse a muchos otros colectivos, algunos de ellos, inimaginables y muy lejanos, aparentemente, de los primeramente citados.

 

Sobre los orígenes


Si a la sociedad norteamericana (o a una gran parte de ella o a la parte “oficial”) le resulta insultante y no acepta la teoría darwiniana de la evolución ¿le resulta más digno asumir que el hombre tiene un origen común con el botijo? Porque según las teorías que ellos dan por buenas el hombre viene de un montón de barro.
Y es que además, lo del barro, la costilla y tal y tal, en tiempo en que está de moda la corrección política en todo lo que se dice y hace, apesta a machismo retrógrado. El alfarero de los botijo-hombres hizo un tío y como vio que estaba solo para que no se aburriera le hizo una mujer, esta mediante clonación o injerto de una costilla (un buen puñado de células madre o en esta caso células padre) dentro de otro bolo de barro. Vaya, una nena para que se divierta el nene. Pues ya le podía haber dado una plaiesteision con varios juegos y hubiese quedado tan ricamente.

¿Y el origen del Universo? Pues oiga, como yo soy de ciencias acepto de mejor grado la teoría del Big Bang, o aunque solo sea de un Bang no tan big, que lo de los seis días con domingo al final, que esto me huele a manipulación empresarial para hacer que la gente curre seis días y descanse... cuando pueda.Aunque viendo la porquería de mundo que hemos llegado a tener voy a empezar a pensar que el Universo nace en un Big Mac.


 

A vueltas con la Navidad


Ya está aquí la inevitable Navidad. Cada año decimos lo mismo: “Cada año comienza antes”. Y cada año diremos: “Cada año decimos que cada año comienza antes”. Cuando era chavalín no entendía que los mayores echaran pestes de la Navidad. Cuando ya fui haciéndome mayor suponía que quien hubiese tenido un mal año o una pérdida cercana tenía motivos para decir que la Navidad le deprimía. Ahora, a pesar de un buen año la Navidad me da por el saco ¿Y por qué? Las respuestas son tan tópicas como la Navidad misma. Felicidad por decreto, no. Odio esa hipocresía que lo invade todo: qué alegres estamos, qué majos somos, cuánto nos queremos, qué bien nos llevamos, o el otro discurso de “con el hambre que hay en el mundo”. Igual de falso uno que otro. Y no soporto y me revelo contra la imposición de ritmos desenfrenados que la mercadotecnia me obliga a llevar. Comprar y comer, comer y comprar, y entre medio, beber. Comprar, beber y comer, comer, beber y comprar. Qué alegría para la báscula. Y para más alegría el reconocimiento médico anual cae siempre después de la Navidad. Qué alegría para ese doctor que armado de rotulador fosforito subraya la hoja de la analítica con rostro Hannibal Lecter esos resultados salidos de madre. ¡Cielos, los análisis en amarillo y la cartilla de la Caja en rojo! Otro año en el que no ha tocado la Lotería. “Suerte qu’haiga”. ¿Navi-dad o Navi-coged? Más lo segundo que lo primero.


 

Un poco de cultura local



Veo, veo hojeando la prensa zaragozana tres noticias en su sección de Cultura las cuáles desearía glosar brevemente. Una trata del Espacio Goya. Me gustaría saber en qué va a consistir realmente ese Espacio Goya con una tremenda ampliación de la superficie del Museo Provincial incorporando el gemelo de la Escuela de Artes y Oficios. ¿Va a ser para meter más obra de Goya?¿De tanta se dispone en Zaragoza?¿Van a comprar más pinturas?¿Van a exponer en préstamo pinturas y grabados de otras exposiciones o colecciones?¿Acaso existen fondos que el público desconoce almacenados en los sótanos del museo?¿Realmente es necesario ese despliegue arquitectónico y ese gasto?¿No será eso otra pirámide de las que tanto gusta construir a los políticos para que no se olviden de ellos?¿No será otro fiasco como el del Teatro Fleta? Porque ahora ni tenemos teatro ni tenemos el Fleta. Se lo han cargado impunemente ¿para qué? Todo palabrería. Luego subirán los impuestos para tapar el agujero.
Leo que al compositor Antón García Abril le nominan para un premio importante. Bueno a este y a otros españoles e iberoamericanos pero es que este nombre es el que me suena. ¿A estas alturas García Abril necesita premios?¿Ya tiene creo que setenta o más años? Dicen que es premio a una carrera y que lo creó la SGAE. ¿No será esto otra “merienda de minorías étnicas” (esa corrección política que no falte) de esas en las que el grupito de los que cortan el bacalao se reparten los parabienes endémicamente? Hacer no se si harán pero dejar hacer, dejan poco: “Esto para mí y el resto para nosotros”. Creo que el mejor premio a una carrera es poder haber desarrollado esa carrera con libertad y sin obstáculos. Si además se ha vivido de ella, miel sobre hojuelas. ¿Por qué ese premio (leo que asciende a 60.000 euros de vellón) no lo dedican a apoyar a los garcia-abriles que empiezan, porque este señor no será único?Esto me sirve para enlazar (aunque ha sido al revés pues he leído antes lo siguiente) con que un compositor llamado Antonio Salanova Alcalde verá estrenada una obra que se titula “Cercis” (he buscado esa palabra y se trata del nombre de un árbol también conocido por árbol del amor o árbol de Judas) esta tarde en Zaragoza con la que ganó el premio de composición de la Universidad de Zaragoza. Supongo que este autor sí es una persona jóven que empieza (no le había oído nombrar nunca) y le vendrán bien los premios y no a los setenta años, aunque como en el caso anterior, tenga una carrera plagada de fama y éxitos. Me alegro de que nazcan flores en el desierto. Buena suerte, Salanova.

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