jueves, diciembre 01, 2005
A vueltas con el orzuelo

Carmela sigue afectada por el pertinaz orzuelo. La mencioné en mi primer comentario sobre las “opas”. En este momento, si el comentarista es Veo-veo Carmencilla es No veo-no veo. Parece que el “bicho” no se quiere ir y la ciencia galénica no atina a despacharlo. ¿Podría hacer algo la brigada anti-chicles de Zaragoza?
Estamos condenados a estar entre cabezones: los anticondones, antihomo, anticasitodo, los empecinados chicles inamovibles y los orzuelos okupas. La expresión más natural es “¡el orzuelo de los coj...s!” pero no, error, el orzuelo, por tocapelotas que sea, no se desarrolla en tal parte sino en los ojos.
Es que la pobre sufre una paradoja: tiene el ojo pegado pero por la noche no pega ojo. Para volverse loco.
Por hacerle reír un poquillo y animarle en la medida de lo que se lo permita su calvario ocular le plantearía una duda severa:
Si los orzuelos solamente se desarrollan en los ojos, las hemorroides ¿son algun tipo de variante?
A ver si el oftalmólogo consigue que ese orzuelo se largue de ese ojo y se vaya a otro que sea merecedor de su castigo. Nombres tenemos todos.
Un besito, Carmen.
Los Puentes
A ver si los que mandan me permiten hacer lo propio y quedarme en la cama reponiéndome. No podía imaginarme que llevar un blog agotara tanto. Será la secreción de adrenalina que se va depositando en cada articulito. De momento solo queda oír el artefacto infernal (quién lo inventaría) una mañana más.
Los caza chicles

Quien no ha pisado alguna vez un chicle. Qué putada. Se agarra a la suela del zapato con más fuerza que la jerarquía igleso-católica a la demonización del condón, que no está tan lejos una cosa de otra, que ambos son gomas, una de mascar (masticar que diríamos aquí) y la otra de preservar (y aquí no entro en establecer otra relación con lo de masticar). ¿Y que ocurre con todos esas diminutas bolitas de goma esputada? Eso, una putada, porque se chafan en el suelo y dejan las aceras hechas un asquito, incluso, un asco.
Un punto de especial emporcamiento se sitúa en el Paseo de la Independencia de Zaragoza, en la purita City. Joya de la corona que fue del anterior reinado de la derecha en el consistorio que se embarcó en ponerlo patas arriba para “modernizarlo” y en esa faena descubrirnos a los zaragozanos que bajo los coches y autobuses dormía todo un barrio musulmán que se apresuraron a cubrir nuevamente. Ya se sabe que cuando la obra interesa, los hallazgos arqueológicos “no son de importancia”.
Para solucionar eso –lo de los chicles sobre el Paseo, no lo del hallazgo bajo el mismo- al Ayuntamiento de Zaragoza no se le ocurrió otra cosa que hacer que la concesionaria de la limpieza pública creara una brigada con unos empleados que se dedican a ametrallar los pegotitos adheridos al asfalto a base de chorrazos de agua caliente a presión y golpecitos de barra para convencerles de cejar en su pertinaz aferramiento. Imagínesen ustedes, pacientes oidores de este hablador, cuantísimos corpúsculos chiclosos salpican la extensa superficie, de generosas aceras, tan generosas como los incrementos de impuestos de los sucesores en el edilazgo de aquellos levantadores de asfalto antes mencionados.
Todo el año se pasan los dos señores de la limpieza con su cañón de agua dale que te pego –más propiamente dale que te despego- como señora María con su vaporeta o Stalone con su ametralladora, “¡Dios, no siento las piernas!” (me planté en ese porque el gobernador de California Mr. Chocheneger ya me pilló mayor). Todo el año, digo, día tras día como si no hubiese chicles en el resto de la ciudad. Desconozco si los ciudadanos radicados en Independencia ingresan al erario municipal una tasa extra por deschicletización pero tan solo he visto a los Chiclators en esas dos aceras mañas. ¿Viven allí?
Conociendo la proverbial mala uva que nos caracteriza a los españoles supongo a esos ensuciadores profesionales, lanzadores de palillo y hueso al suelo de los bares, vertedores impertérritos de ex-cigarrillos al firme, escupidores de chicle, tiradores de élite del gargajo certero, incrementando la siembra de gomillas chuperreteadas bajo los argumentos fácilmente imaginables de “como gastan mis impuestos en esto ahora no voy a dejar de escupirlos” o “si tiro el chicle estoy dando trabajo a dos personas”. Pero la pregunta del millón es ¿a qué precio sale el chicle desprendido? Fácil será que la respuesta esté en la pregunta: a millón.
Los precios
Los españoles deberíamos habernos echado a la calle cuando con la entrada del euro los profesionales procedieron al incremento desmesurado de precios (100 Ptas. = 1 euro) y a aplicar redondeos dignos de Al Capone y nosotros lo único que pudimos hacer fue pagar y callar. ¿Entonces quién se manifestó? Qué bien vino a muchos el cambio de moneda. El primero el Estado. ¿Y qué tipo de conversión aplicó Correos, por ejemplo? Recuerden, recuerden la subida de las tarifas postales. Y recuerden también sus sueldos: ¿les aplicaron el 100 igual a 166 o acaso les redondearon el 166,386 a 200?
Los ciudadanos consumidores finales fueron y seguimos siendo víctimas no de un asalto en Sierra Morena, que hay que estar a los dictados de los tiempos, sino de un café en cualquier bar de las sierras morenas de la piel de toro. Todos hemos comentado mil veces la nula diferencia entre una navaja en una esquina que un café en el bar de la esquina: robo, asalto, atraco, caña, pincho de tortilla, café, ... ¿cuál es la diferencia?.
El precio del combustible
Soy ciudadano de a pié, lo que en términos informáticos se llamaría “usuario final”. Soy de los que compra cosas pero no vende nada. Pago lo que me piden por las cosas y si me parece caro me fastidio. Escuchando las reivindicaciones anteriores me extraño pues siempre he creído que los costos de producción y distribución se aplicaban al precio final del producto y los pagábamos los consumidores. Parece que estaba equivocado. Parece que los del tractor, el barco, el camión del reparto, ponían de su bolsillo los incrementos. Ahora van a tener que cerrar o subir los precios. Agradezco su generosidad.
Creo que ha llegado el momento de que los consumidores nos manifestemos, no sé si haciendo sentadas en los caminos rurales paralizando las máquinas agrícolas, lanzándonos con flotadores, colchonetas y pullboys a las bocanas de los puertos impidiendo la salida de los barcos o no comiendo hasta que los transportistas cobre menos por sus portes.
También quiero que la gasolina de mi coche me la vendan más barata porque tengo el mismo derecho que por ejemplo un armador. Los profesionales lo repercuten en el precio y al final lo pagamos los consumidores que además de asumir los aumentos de costos de aquéllos, no nos quedan más cáscaras que pagar los incrementos de nuestro combustible particular, los cuáles no tenemos sobre quién a su vez repercutirlos. Somo el último de la fila y ya se sabe que ese es el que paga el cine a los demás.
Siempre se ha dicho: “quien no llora no mama” y “si cuela, cuela”.
