miércoles, agosto 09, 2006
T4 = TERROR 4

Al fin he conocido la famosa T4 de Barajas. Y bien que la he conocido.
Un vuelo regular (se entiende diario, no de dudosa calidad). Llego con el tiempo de margen que me habían aconsejado. Me dicen que tengo desde el mostrado 7xx al 8xx para hacer el check-in. Qué bien, digo yo infeliz, cuántos puestos. Mentira. Cuatro solamente, los demás, vacíos. Escojo mostrador. Espero. Sigo esperando. Cada pasajero llegaba incluso al cuarto de hora para recojer su tarjeta de embarque. Era un día normal con un vuelo normal. Problemas con el sistema informático. Qué casualidad que desde los problemas informáticos de la inauguración de la terminal me va a tocar a mi otro día con fallos. Sospecho que eso es el pan nuestro de cada día. Una hora y media de espera. Después de esto todavía faltaba la excursión hasta la puerta de embarque. Zapatilla deportiva y calcetín fresco, que el paseíto es de órdago.
El regreso. Además de un retraso en la llegada del vuelo de Madrid que debía de llevarme de regreso debída, según explicación del comandante "a que hemos salido con retraso de Madrid" (obviedad que insulta la inteligencia de los pasajeros porque nadie piensa que se han ido de farra con el avión en el camino), salimos con mayor retraso de nuestro origen. Llegamos a Barajas, a la nueva pista. Cerca de quince minutos rodando pista tras pista tras tomar tierra hasta llegar al finger de la terminal. Como un autobús de ALSA, vaya. Nueva interminable caminata por la descomunal nave de la T4 hasta las cintas de recogida del equipaje. Nueva aventura: en los monitores se indica que las maletas salen por la cinta 12. Aquello no se mueve. Tras cuarenta (¡cua-ren-ta!) minutos de espera y con una orquitis de caballo se reclama y después de varias llamadas del empleado nos dicen que el equipaje ha salido por la cinta 16. Cierto, allí estaban dando vueltas docenas de maletas huérfanas desde hacía más de media hora.
Amigos, mucho cuidado si han de pasar por la T4. Puede vivir una auténtica historia de terror, y todo por el módico precio de unas tasas de aeropuerto.
