miércoles, agosto 09, 2006
ARAMON

No paro de escuchar noticias sobre planes de urbanización masiva, construcción hotelera, nuevas estaciones de esquí, ampliaciones de las ya existentes, varios campos de golf, todo en el Pirineo aragonés, y siempre se oye en estas noticias el nombre de la sociedad Aramón.
¿Estamos ante una maniobra de aniquilación del Pirineo? ¿Es esto pura y dura especulación urbanística con origen institucional? ¿Es un compinchamiento al más puro estilo de los gángsters americanos entre constructores y políticos? ¿Es la única manera de que sobrevivan los habitantes de la montaña? ¿Esto es el desarrollo sostenible con el que se les llena la boca?
Desde luego que quien tenga un prado para el ganado y lo reconvierta en pareados va a hacer su agosto y se va a solucionar la vida. Legítimo si se le permite. Pero también se va a solucionar la vida quien permita hacerlo ¿a cambio de qué?
Seguimos con la política del rápido enriquecimiento. Pan para hoy y hambre para mañana.
Cuando todo esté lleno de segundas viviendas y hoteles y ya no quede un prado, un paisaje decente, un camino tranquilo, un aire puro ¿quién carajo va a querer ir a ocupar esos hoteles y a comprar esos chalecitos y apartamentos? Bueno, la experiencia dice que siempre hay quien gusta de esto y no ve más allá de sus narices. Allá ellos. No seré yo quien vaya allí como no voy a las zonas de costa donde todo es hormigón y ladrillo. Si la gente hiciese igual, tarde o temprano se notaría y tendrían que repensar en la atrocidad de la construcción y el turismo masivo como medio de vida y progreso de una zona.
Por lo que leo y oigo Aramón es una especie de apisonadora que allana nuestra montaña. ¿"Ara" vendrá de arar? En Galicia lo están haciendo también: carbonizando la costa, luego a construir. ¿Que hay 30 años de prohibición? Hecha la ley, hecha la trampa. Poderoso caballero es Don Dinero.
T4 = TERROR 4

Al fin he conocido la famosa T4 de Barajas. Y bien que la he conocido.
Un vuelo regular (se entiende diario, no de dudosa calidad). Llego con el tiempo de margen que me habían aconsejado. Me dicen que tengo desde el mostrado 7xx al 8xx para hacer el check-in. Qué bien, digo yo infeliz, cuántos puestos. Mentira. Cuatro solamente, los demás, vacíos. Escojo mostrador. Espero. Sigo esperando. Cada pasajero llegaba incluso al cuarto de hora para recojer su tarjeta de embarque. Era un día normal con un vuelo normal. Problemas con el sistema informático. Qué casualidad que desde los problemas informáticos de la inauguración de la terminal me va a tocar a mi otro día con fallos. Sospecho que eso es el pan nuestro de cada día. Una hora y media de espera. Después de esto todavía faltaba la excursión hasta la puerta de embarque. Zapatilla deportiva y calcetín fresco, que el paseíto es de órdago.
El regreso. Además de un retraso en la llegada del vuelo de Madrid que debía de llevarme de regreso debída, según explicación del comandante "a que hemos salido con retraso de Madrid" (obviedad que insulta la inteligencia de los pasajeros porque nadie piensa que se han ido de farra con el avión en el camino), salimos con mayor retraso de nuestro origen. Llegamos a Barajas, a la nueva pista. Cerca de quince minutos rodando pista tras pista tras tomar tierra hasta llegar al finger de la terminal. Como un autobús de ALSA, vaya. Nueva interminable caminata por la descomunal nave de la T4 hasta las cintas de recogida del equipaje. Nueva aventura: en los monitores se indica que las maletas salen por la cinta 12. Aquello no se mueve. Tras cuarenta (¡cua-ren-ta!) minutos de espera y con una orquitis de caballo se reclama y después de varias llamadas del empleado nos dicen que el equipaje ha salido por la cinta 16. Cierto, allí estaban dando vueltas docenas de maletas huérfanas desde hacía más de media hora.
Amigos, mucho cuidado si han de pasar por la T4. Puede vivir una auténtica historia de terror, y todo por el módico precio de unas tasas de aeropuerto.
CRUZA EN VERDE

Una de las más recientes sandeces que tienen su origen en el Ayuntamiento de Zaragoza y que por desgracia no será la última es la colocación en los semáforos y el pintado en las líneas de los pasos de peatones de las frases "Rojo, espera" y "Cruza en verde". Seguro que se ha gastado en esto un dineral que sobra en las arcas municipales y no es necesario en ninguna otra cosa más importante.
Como era de esperar, los cartelitos, colocados cual orejas en los laterales de las respectivas luces roja y verde, han comenzado a saltar por los aires diana de los vándalos habituales que campan por nuestras calles.
Los escritos en el suelo irán borrándose con el tiempo aunque en algun cruce podemos pasar el rato leyendo en tanto cambia el semáforo: tres líneas del paso de cebra se encuentran con "literatura". La primera y tercera advirtiendo de que mires al autobús y la del medio con el versículo del semáforo.
El personal seguirá cruzando cuando pueda y no cuando le digan. ¿Leeran los abuelitos estos carteles? Tirar el dinero en obviedades.
Los ciudadanos podríamos pintar en la plaza del Pilar delante del balcón de la casa consistorial cosas como "Sed honrados" o "Gestionad bien".
En el fondo tal vez todo sea publicidad subliminal para la famosa marca de cerveza holandesa: "Piensa en....rojo, amarillo y verde".
Zaragoh!za

Como parte de la campaña de publicidad institucional "Zaragoh!za te sorprenderá" han aparecido en esquinas importantes de la ciudad las letras del nombre de la ciudad en tamaño XXL (ni Microchof! es capaz de un tamaño de fuente tan grande). Resulta original el adornito en una ciudad raquítica en escultura urbana, excepto si alguien considera escultura los demodés muppies (¿se escribe así?) verdes o los monstruosos cartelones publicitarios tamaño gigante de rotondas y cruces.
El fallo que veo es que debía de haberse planteado su colocación y formato (blanco liso y laso) de tal modo que se evitara el emporcamiento que ya comienza a producirse por parte de nuestros "artistas" urbanos, grafiteros por más señas.
Es una pena que algo que puede ser curioso y llamativo, sobretodo para nuestros visitantes foranos, se convierta en un lamentable espectáculo de pinturrujeo y orines.
